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En línea con la reducción de la pobreza en el país, lo que necesitamos es crecer a ritmo potente. Luego de las elecciones regionales y de haber tenido un ruido político no menor durante este año, la expectativa de crecimiento de la economía apuntaría a ser alrededor de 4% para el 2019 (MEF 4,2% y FMI 3,8%), basado en el crecimiento de las inversiones, el consumo privado y las exportaciones. La inversión minera es de lejos la más auspiciosa con proyectos como el de Michiquillay. Además, encontramos otros en comunicaciones (banda ancha), así como en energía y transporte, como en el terminal portuario de Salaverry y la ampliación del aeropuerto Jorge Chávez. Sin embargo, el cambio de autoridades regionales y municipales podría retrasar el empuje público de inversión.
En cuanto a consumo, la estabilidad de nuestras instituciones resulta necesaria para alimentar la confianza de las personas y las empresas. Asumimos que, luego de la salida de un presidente elegido y el arresto de la lideresa del partido opositor, el 2019 debería traer un balanceo de poderes que permita manejarnos dentro de un escenario contenido.
Por el lado de las exportaciones, el precio de los principales productos para nuestra actividad ha tenido un comportamiento más estable comparado con la subida de los dos años previos, de la mano de un crecimiento menor de algunos de nuestros socios comerciales.
Finalmente, este crecimiento no está comprado y seguimos expuestos a factores externos como la volatilidad en los mercados, generada después de elecciones presidenciales de varios países latinoamericanos; y también por la incertidumbre de la guerra comercial.