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El patrimonio es un concepto dinámico, que ha ido evolucionando a lo largo del tiempo, que se refiere en términos generales, al conglomerado de bienes, derechos y obligaciones que tiene una persona.
La construcción de éste se logra de diversas maneras. Muchos ahorran una parte de sus ingresos mensuales desde el primer día en que inician su vida laboral, otras crean empresa, otras heredan y continúan con el legado de sus familias.
Independiente de cuál sea el camino en el que se construyó el patrimonio, las etapas por las que pasa una persona generalmente son las mismas: En el periodo de acumulación, con la consolidación de los primeros ahorros, se hacen las primeras inversiones adquiriendo una vivienda personal o familiar; se financian estudios de postgrados en algunos casos y se desarrollan también los primeros hábitos financieros.
En la etapa de consolidación, el segundo paso, cuando el capital es mayor, se arman portafolios de inversión, buscando tener una parte invertida a corto plazo como una reserva de liquidez para eventualidades; y otra a largo plazo, la cual forma parte del ahorro que se puede hacer para ir pensando en el futuro.
En la tercera etapa, que es previa a la jubilación, se busca hacer una planificación de retiro y se analizan alternativas de inversión orientadas a la preservación del capital.
“La forma de invertir y el vehículo a usar va a depender de los objetivos trazados y del monto que se ha logrado acumular para invertir. Cada uno de esos detalles hay que analizarlos.
Es por esto, que los modelos de la banca privada están evolucionando hacia una segmentación cada vez más profunda de los clientes, con el fin de ofrecer una asesoría más cercana a las necesidades de cada uno”.
Y una última fase en la que finalmente el proceso termina con el retiro laboral y la planeación sucesoral, se busca mantener un adecuado estilo de vida y dejar un capital para hijos y nietos.
El perfil de riesgo de cada una de esas etapas es diferente. Cuando una persona está en la etapa de acumulación de capital, el riesgo de las inversiones puede ser alto, por el contrario, si se está cerca de la jubilación el riesgo debe ser bajo. Cuando pensamos en la sucesión, el perfil de riesgo puede volver a aumentar.
En el mercado financiero podemos encontrar asesoría para las inversiones de cada perfil, buscando un adecuado balance de riesgos de monedas, emisores y países; así como una guía de que vehículos (locales y extranjeros) podemos usar para hacer una mejor gestión del patrimonio, como Fideicomisos familiares, seguros, sociedades, entre otros.
Para poder garantizar la vida del patrimonio, su crecimiento y perduración a través del tiempo, considerando los riesgos presentes en el mundo financiero de hoy, existen principios básicos que se deben tomar en cuenta como los objetivos de inversión (rentabilidad y riesgo principalmente) y las restricciones (tiempo, impuestos, liquidez, legalidad y singularidades).
La forma de invertir y el vehículo a usar van a depender de los objetivos trazados y del monto que se ha logrado acumular para invertir. Cada uno de esos detalles hay que analizarlos a profundidad.
Es por esto, que los modelos de la banca privada están evolucionando hacia una segmentación cada vez más profunda de los clientes, con el fin de ofrecer una asesoría más cercana a las necesidades de cada uno. Por una parte, los patrimonios más bajos pueden ser atendidos por canales de asesoramiento digital, lo que garantiza rapidez, autonomía y agilidad en el servicio.
Mientras que los de patrimonios más altos tienden a recibir un servicio de gestión cada vez más personalizado, ya que las estructuras más complejas son costosas.
La gestión de patrimonios consiste entonces en el desarrollo de una estrategia de inversión integral, que se da tras un análisis de la situación y perfil de cada cliente, para alcanzar sus objetivos financieros y, con ello, el equilibrio de sus recursos y necesidades futuras.
Esto es clave en la asesoría que se hace desde la Banca Privada, para lograr una integralidad del servicio y acompañar al cliente para crearle mayor conciencia y guía tributaria o incentivar la inversión local y así, hacer realidad las metas que se ha propuesto con un verdadero apoyo.
Gestionar un patrimonio es de suma importancia ya que permite estar preparado financieramente en lo personal y familiar con una proyección hacia el futuro, optimizar los recursos a medio y largo plazo.
El no hacerlo o el no contar con asesoría adecuada, puede traer como consecuencia su desvalorización e incluso su desaparición.
A través de una buena gestión del patrimonio trae consigo múltiples beneficios, se logra tanto una rentabilidad financiera, como un mejor trato fiscal.
El actual desarrollo de los mercados financieros permite que cada persona elabore o se ponga en manos de especialistas para que le elaboren una solución a la medida de sus necesidades.
Gestionar un patrimonio es, una tarea constante y de permanente cambio. Hay que cuidarlo siempre.