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Tras una primera mitad débil por shocks transitorios de oferta, bases de comparación exigentes y un complicado contexto externo, las esperanzas están puestas en la segunda mitad de este año. Poco a poco, el escenario para la actividad chilena comienza a despejarse.
En materia política, por ejemplo, el avance de las reformas emblemáticas del Gobierno que hasta hace poco había sido lento, ahora parece tener la intención de empezar a dar pasos firmes para lograr acuerdos. En esta dirección, una tramitación más rápida podría impulsar la percepción de inversionistas de regreso al terreno de optimismo, ya que hoy oscila más bien cerca de un nivel neutral y coqueteando con el pesimismo.
En cuanto al escenario externo, la volatilidad que afectó a los mercados globales al inicio del año parece haberse mitigado un poco, especialmente tras la reciente reunión del G-20. Aun así, es cierto que nos encontramos ante un new normal, por un lado, asociado al ruido e incertidumbre política-comercial mundial (que continuará siendo un foco de volatilidad), y por otro, a una tendencia global de tasas de interés a la baja, con agentes de mercado que incorporan cada vez más de estímulo por parte de los principales bancos centrales.
Así, aunque el momentum de corto plazo parece débil, esperamos una mejoría en la segunda mitad del año. En particular, los riesgos a la baja se ven más limitados en Chile que en otros mercados de la región andina. En sectores asociados a la inversión, de este modo, vemos buenas promesas en obras públicas; energía y el sector inmobiliario, además del clásico de minería. Esto, a la luz de las cifras del catastro de inversiones para el próximo quinquenio (2019 a 2023), el cual refleja el monto de inversión a materializarse en dichos sectores y muestra una buena perspectiva de crecimiento.
Por su parte, el sector retail -estandarte del consumo local, recientemente dio una sorpresa positiva con las cifras de crecimiento en Mayo (3,3% anual vs 1% esperado por el consenso). Si bien puede tomarse como un brote verde difícil de ignorar, aún queda espacio para consolidar su repunte, el cual irá de la mano de un mercado laboral que lo soporte y de indicadores de confianza que lo reflejen saliendo del terreno de pesimismo actual.
En resumen, el primer tiempo está casi jugado. Hará falta un necesario descanso de medio tiempo (tregua relacionada a los riesgos externos); hidratación suficiente (buenas cifras que confirmen el cambio de tendencia); asertiva y eficaz dirección técnica (autoridades allanando el campo con transparencia, disciplina y credibilidad); y, como siempre, la claridad, el optimismo y la firmeza que se requieren para hacer los goles (confianza de consumidores e inversionistas mejorando y ayudando a ejecutar decisiones). Con todo, no le hemos perdido la fe a Chile.