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Qué esperar para la economía tras el lento inicio de año

El Mercurio

El Banco Central publicó recientemente el Imacec del mes de marzo (1,9%), el que más allá de ubicarse en torno a lo previsto por el consenso, confirmó un lento inicio de año para la actividad. Desde tiempo atrás sostuvimos nuestra expectativa de crecimiento para la economía este año en torno al 3,3%, pero con una balanza de riesgos claramente inclinada a la baja. Y con el bajo dinamismo de los primeros tres meses, el entorno externo menos favorable, la reciente caída de los indicadores de confianza y la ausencia de un catalizador evidente de corto plazo, se vuelve realista asumir un menor dinamismo en 2019. Así, esperamos que Chile crezca 3% este año.

Los dardos han apuntado al sector minero como el principal culpable de los bajos registros de crecimiento en el primer trimestre. Pero no se debe dejar de lado que los rubros distintos de minería han mostrado acotadas velocidades de crecimiento -como las ventas minoristas o el sector manufacturero-. A esto se agrega un entorno externo para el país que, si bien sigue siendo favorable, sin dudas ha perdido dinamismo en lo reciente. Las correcciones a la baja del crecimiento global han continuado y no se centran exclusivamente en países desarrollados, mientras que la posibilidad de un acuerdo comercial entre China y EE.UU. se ha reducido en las últimas jornadas. A su vez, la incertidumbre que ronda al Brexit continúa y diversos países emergentes (incluyendo importantes socios comerciales) enfrentan dificultades político-económicas.

Al débil inicio de año y menor impulso externo, se agrega en lo reciente un nuevo retroceso en los indicadores de confianza. En particular, llama la atención la caída experimentada por aquella expresada por los consumidores, que se acercó recientemente a niveles tan bajos como los que se observaban a mediados de 2017, ante perspectivas negativas sobre la situación económica del país en los próximos cinco años. A esto se suma la caída de la confianza empresarial, cuya medida subyacente (que excluye minería) volvió a terreno levemente pesimista en abril. Se trata de suficientes argumentos, de distinta naturaleza (indicadores efectivos y líderes, locales y externos), que justifican esperar un menor crecimiento este año.

¿Es una mala noticia crecer al 3%? No, en absoluto, pero refleja la exigencia que impone crecer en un entorno externo desafiante. A esto se agregan los desafíos domésticos, en particular por la incertidumbre que se vincula a la extensa discusión legislativa sobre las principales reformas impulsadas por el Gobierno. Asumimos que las tasas de crecimiento serán mayores en la segunda parte del año, aunque no lo suficiente para alcanzar un crecimiento del 3,5% como lo estimado por el Ministerio de Hacienda o el Banco Central.

No todo es gris en el horizonte. Los fundamentos de la inversión siguen robustos, la confianza del sector construcción se encuentra en terreno optimista, los catastros de proyectos concretos han sostenido correcciones consecutivas al alza y las importaciones de bienes de capital siguen creciendo a doble dígito. Sin embargo, el dinamismo de la inversión no será suficiente. El consumo privado enfrenta un escenario adverso; baja confianza, lenta creación de empleos, acotados avances de salarios y bases de comparación exigentes para la venta de bienes durables (particularmente automóviles). La clave será la inversión. Una formación de capital más robusta puede otorgar dinamismo al mercado laboral e impulsar un mayor consumo privado. Todo parece cíclico y Chile volverá a crecer sobre el 3% el próximo año.

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