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Hace poco más de dos semanas el INE publicó la primera cifra oficial de inflación bajo la nueva canasta 2018. Más allá de que el IPC estuvo bajo lo esperado en enero, lo más llamativo fue la fuerte caída que experimentó la inflación anual: 1,8% en el primer mes del año vs 2,6% en diciembre. La mitad del retroceso se explica por la alta base de comparación -el IPC aumentó 0,5% mensual un año atrás y tan sólo 0,1% en enero de este año-, pero la otra mitad de la historia (el otro 0,4%) fue una sorpresa, ya que en teoría reflejaba una nueva canasta menos inflacionaria que su versión anterior.
Vale destacar que el año pasado se midieron precios siguiendo dos metodologías: 2013 y 2018, con esta última siendo aquella de referencia con la que se medirá la inflación anual a contar de este año. ¿Por qué llama la atención una inflación menor? Porque los ejercicios de simulación realizados por diversos agentes del mercado apuntaban a mayores precios promedio bajo la nueva tecnología y no menores. Esto, a raíz de la mayor ponderación que tienen los servicios en el IPC.
A raíz de esto, miramos con detalle la nueva canasta, para entender el origen de este último diferencial de 0,4%. Primero, evaluando los indicadores analíticos más comúnmente utilizados, notamos que este diferencial provenía completamente del componente subyacente de la inflación (IPC sin alimentos ni energía), en particular de los servicios. Luego, que se explicaba tanto por los elementos transables como no transables de la canasta. ¿Y a nivel de división? Comunicaciones y Recreación / Cultura eran los protagonistas exclusivos de esta menos inflación promedio.
Siguiendo con la búsqueda de los “responsables” de este menor avance de los precios, evaluamos el diferencial a nivel de producto y, para sorpresa nuestra, pudimos atribuir a tan sólo cuatro productos el grueso de esta menor inflación. Estos fueron: paquete turístico, pack de telecomunicaciones, gasto financiero y servicio de educación superior. Lo interesante es que estos cuatro productos poseen características en común: todos pertenecen a la inflación subyacente, todos son servicios, prácticamente todos (Excepto paquete turístico) son transables y la mayoría experimentó cambios metodológicos importantes. Por ejemplo, paquete turístico ahora se ajusta dependiendo de la temporada del año; la ponderación de gasto financiero y educación superior cayó en torno a 2% cada uno (tras excluir el gasto en intereses y como resultado de la reforma educacional, respectivamente), entre otros.
Así, sería un error atribuir a la nueva canasta la característica de “menos inflacionaria” y, por lo tanto, no reconocer el rol de los cambios metodológicos puede llevar a la conclusión equivocada en términos de la dinámica inflacionaria y de TPM por delante. Dicho esto, también se incurriría en un sesgo el desestimar que una inflación -tanto total como subyacente- bajo la meta no pueden tener efectos de segunda vuelta (esto es, menores ajustes de precios por más tiempo), debido a la habitual indexación a UF que tienen productos relevantes de la canasta.
Como escenario base, vemos que la inflación avanzará 2,6% este año y que el Banco Central solo elevará la TPM una vez más en 2019 hasta 3,25%. Seguimos creyendo que llevar la tasa hacia su nivel neutral es el escenario base, pero este ajuste deberá tomar más tiempo del previsto, toda vez que la inflación demorará más tiempo del previsto, toda vez que la inflación demorará más tiempo en converger a la meta y no se debe descartar que esta, en particular en su componente subyacente, se mantenga anclada al piso del rango de tolerancia, proceso que creemos perdurará al menos hasta fin de año.